” A cada cerdo, le llega su San Martín “

Lunes , de la primer semana del mes, después de un fin de semana largo (con festivo y puente incluidos) regreso como toda damita “Godínez “a la oficina. ​

Después de saludar a mis compañeros y ponernos “al tiro” . Empiezo mi jornada contestando una serie de correos entre los que encuentro una factura que nomás “ no se me hacía cara conocida “ .

Así que me pongo en contacto directamente con la persona encargada de la empresa que me había hecho el cargo y  como no la encuentro, le envió un correo explicando la situación y sigo trabajando.

Faltando quince minutos para salir de la oficina recibo una llamada a mi móvil de empresa en relación a la factura cobrada.

A lo que comento que  no la iba a pagar, pues con anterioridad había cancelado el servicio la semana que me estaban cobrando.

Entre que eran peras o manzanas la persona en cuestión en tono “pendejete” me comienza a hablar con frases estructuradas como: “Si sabes que aquí en Bélgica….  ”, “A lo mejor no entendiste a que me refería…”, “Puede que te hayas confundido… ”, “Sera que no te quedo muy claro cuando te lo explique… ”, “No me recuerdo que lo hayas dicho… ”

Y así… entre más escuchaba, más se me aceleraba el corazón.

Ya encabronada (porque para Madres Teresa de Calcuta, ya tuvimos una)  le cante “la de tres”  y así como ella me ninguneo, me fui como “hilo de media” diciéndole: que me sorprendía que siendo una Jefa de oficina no supiera los términos y condiciones del servicio que ofrecían y que ni me dijera que no sabía de qué le hablaba por que ambas venimos y trabajamos del mismo sector.

Como las dos ya andábamos “encarriladas”, para cerrar el tema cuando le tocaba su turno de hablar me ensarta un gancho diciendo: “Puede que el malentendido sea porque no hayas entendido (en el sentido idiomático)  las condiciones del contrato cuando lo leíste”.

A lo que le respondí: Cuando se trataba de hacer negocios parece que no tuviste problema alguno en llegar a un acuerdo, entiendo que el Neerlandés no es mi lengua materna, que posiblemente mi ingles no sea perfecto pero el Manager de la oficina  que es Belga no hizo ningún comentario al respecto sobre el punto que estamos tratando, por el cual, como te repito, no estoy de acuerdo en pagar la factura.

Dicho lo anterior, la actitud del otro lado, por arte de magia cambio a una más negociadora.

Después de hablar un rato sobre posibles alternativas y una solución cuelgo el teléfono, ante la atenta mirada de un compañero que me esperaba para pasarme otra llamada.

Su cara era como “un poema” ante lo que había escuchado y claramente se veía apenado por lo que estaba ocurriendo, yo aguantando el tipo le sonreí disimulando que no pasaba y continúe con mi trabajo.

Dicen que tú eliges cómo te sientes, pero yo sinceramente mientras subía al coche para recoger a mis hijos me sentía encabronada y  decepcionada de tener que escuchar a alguien que minimizaba mis argumentos haciéndome creer que por temas del idioma no me enteraba de cómo se llevan las cosas en este país.

No niego que he lagrimeado con la sensación de impotencia y coraje ante situaciones como estas, en las que se considera que tu habilidad para desenvolverte en un idioma es directamente proporcional a tu capacidad, conocimientos y experiencia para realizar un trabajo.

Ya no me derramo mas la bilis pensando en lo que es, sera o pudo ser.

Y cierro con aquello que dice:  “ En esta vida hay cosas que vienen con calma, y otras que llegan con karma ” .

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